miércoles, 24 de julio de 2019

22 Chiang Mai

Ooooootra vez que, después de acostarnos pasadas las 12 de la noche, el despertador suena a las 7 y pico. No sé qué tipo de vacaciones son estas.
Qué sí, que hoy mola porque vamos a ver elefantes y blablabla... pero a las 7:30, alarma al canto.
Nos recoge una furgoneta de 9 plazas en la que ya viajan nuestros compañeros de hoy: una pareja española canario-balear y una puertoriqueña afincada en Washington (el estado, no el DC).



Después de unas cuantas curvas hasta llegar a un punto en mitad de la selva, llegamos a esta pequeña reserva de elefantes. Tienen siete elefantes (todas hembras) de diferentes edades y te cuentan la historia de cada uno de ellos: que si una pierna rota porque estaba en el circo, que si hecha polvo porque trabajba llevando troncos, que sí llevando turistas...
Venga, la primera actividad es... desgranar los racimos de plátanos para dejarlos uno a uno y poder dárselos luego. Eso lo venden como "preparar la comida a los elefantes".

Los más pequeños beben leche de soja que puedes darles tu mismo, pagando 20 bahts más. 
Nos dan la botellita de leche de soja a cada uno, un zurrón que llenamos de plátanos y nos vamos a la selva con una bebé elefante y un elefante adulto.



Como te vean la botella en la mano, se te echan encima para que les des. O un plátano. O la mano vacía. O que existas, respires, camines, vivas, pienses o huelas. Qué empujones meten estos bicharracos.
Les das un plátano y lo cogen. Les das otro y también. Y así hasta tener cuatro, qué habilidad con la trompa. Ya quisiera Sin Chan...


Hemos escogido este sitio porque parecía bastante ético, que no vivían de los elefantes sino para ellos. Y tiene pinta de eso. No les agobian, no llevan un palo para irles golpeando y si el elefante no quiere ir a un sitio, pues no va.
Marc y Jan tienen estímulos de todas clases: que si un elefante, un gato, un buey de agua, unas plantas que cierran las hojas si las tocas, agua en el suelo, un señor que les ríe, ...


Hay uno de los bebés elefantes que nos encontramos por el camino que sabe que llevas plátanos en el zurrón y los quiere. Y los coge. Ya nos lo habían advertido, pero ver como un elefante te está robando los plátanos y tenerte que aguantar (entre risas) es muy divertido.


Los elefantes tienen que echarse la siesta (¿pero no dormían sólo 4 horas?) y nosotros tenemos que comer. Comida vegetariana. Un arroz riquísimo y plátano rebozado también muy bueno, además de otras verduras qué también entraban bien.



Empieza la tarde y nos enseñan a cortar caña de azúcar a una medida que se lo puedan comer bien. Y nos hacen cortar unas cuantas a machetazos. Esto parece el Ikea, te lo tienes que montar tú todo.




Después ayudamos a descargar una furgoneta de troncos de platanero, que cortan en trozos y cargamos hasta los elefantes de nuevo. No soy partidario de esclavizar a los elefantes. Ni tampoco de que me esclavizen a mi, me siento mano de obra barata con la tontería. Aunque vemos una pareja que ha escogido pasar aquí más de un día que los tienen REGANDO plataneros recién plantados. Vamos, no me jodas...


Aunque la piel parece una coraza, al tocarla la notas mucho más fina de lo que creias. Por eso se rebozan en tierra echándosela por encima, para que no les piquen los mosquitos. Y yo creyendo que el Relec impediría que me picaran a mí..


Los elefantes de meten en su "piscina" de barro y empiezan a tirarlo con la trompa por todos los lados, rebozándose bien en él. Imposible no recibir una importante salpicadura de barro cada dos por tres.


Pasamos a la charca con agua limpia... perdon, con agua. Marrón.
Te dan unos cubitos de plástico (al menos no tienes que hacértelo tú y es gratis). Es cuestión de quitarse el barro que se nos ha pegado por el cuerpo.


Entre risas y sabiendo que hemos vivido unos momentos maravillosos y mágicos para los peques, acompañamos a los elefantes a sus aposentos (verás como nos hacen barrer y acunarlos... ah, pues no...) y nos vamos a las duchas a quitarnos bien el barro.


Mientras esperamos la furgoneta que nos llevará al hotel de nuevo, tomamos un heladito (que nos cobran) y nos enseñan las fotos que nos han hecho y que (pagando, claro) podemos descargar si queremos.
Será por la comida vegetariana, pero me vienen ganas de tirarme un pedo. No lo hago porque seguro que me cobran por ello.
De nuevo a la furgoneta y hacia el hotCUIDAAAOOOOOOO!! El motorista que se nos ha encontrado de frente en su carril en una curva con línea contínua y sin visibilidad ha salvado la vida de milagro.
Llegamos al hotel, hacemos cambio de mochila y sin descanso, nos vamos hacia el night market otra vez. No sé para qué porque lo único que estamos comprando durante el viaje es agua.
Una parada en el Starbucks para merendar uno de esos maravillosos pastelitos de coco mientras compramos los billetes de bus para pasado mañana por internet. Después, un rato de regateo por las paradas del mercado. He descubierto que tiramos demasiado a la baja y después de algunas ofertas los vendedores no quieren vendernos; se ofenden porque bajamos mucho el precio... ¡Han empezado ellos!




Para cenar, un durum al plato (carno de pollo con salsa de iogurt y patatas fritas) que está bueno y contundente. Muy contundente. Tanto, que necesito cocacola para "casi" terminarlo...
Otro día que iremos a dormir pasadas las 12 y que hay que levantarse a las 7...

Juan Carlos








2 comentarios:

  1. Ostres Joan Carles, sembles català mirant tant la "pela", hahahaha.

    Les vacances no són per dormir (i ho saps), ja dormiràs quan tornis (si et deixen, hehehehe)

    Ramon

    ResponderEliminar
  2. No pots negar que lo dels elefants és una expierència increible!!! només de veure les fotos i les cares dels nens, pagaries un altre vegada (segur que sí).

    Per cert com t'estàs posant de menjar!! :)))

    Carol

    ResponderEliminar