Bueno... el desayuno del hotel no es para tirar cohetes. Mal del todo no está, pero como estaremos aquí varios días...
Pero no hemos venido hasta Thailandia para desayunar, sino para ver cosas. Y la que veremos hoy... mooola! Sobretodo para los peques.
Ellos no lo saben, pero vamos a ver Y TOCAR tigres. ¿O no haríais lo que fuera por llenar de ilusión una mirada así?
Resulta que el tigre que puedes ver y tocar va determinado en primer lugar por tu altura y en segundo lugar por la pasta que te quieras gastar. Por lo altura, Marc y Jan sólo pueden con los bebés. Por pasta, los bebés son los más caros con diferencia. Así que por lo que les ha debido costar entrar toda la familía, bien podian haberse comido el tigre con salsa agridulce y arroz frito después.
Al menos, si hemos de morir aquí, habremos visto la cara de ilusión y de felicidad de Marc (y también de Jan, aunque lo valora menos) al ver y tocar un tigre.
Yo no tengo problema por tamaño (bueno, Ingrid tampoco) así que nos decidimos por el "big". Después de ese, sólo está el "Giant".
Entrar en la jaula... acojona. Después te relajas, sobretodo porque ves que los cuidadores llevan para defenderse un palo de palmo y medio. Un palo. Un puto palo para un bicho de 200 kilos con unos colmillos capaces de perforar el motor de un tractor grande. Venga, no me jodas...
De ahí nos vamos al Night Market que está en la otra punta, usando un megatuctuc tan útiles de por aquí. Con lo que vamos a gastar en ellos estos días, podíamos habernos comprando uno...
Lo de Night significa noche, y como aún falta, esta gente que me acompaña deciden darse un masaje y dejarme de guardia con los peques en un Starbucks (aire acondicionado, té chai, internet y mis sobrinos... ¿qué más puedo pedir?)
Pues puedo pedir que Jan no se me duerma encima y así poder hacer algo más que acariciarle el cogote para que duerma tranquilo. Pero bueno ¡soy el tiet!
Nos adentramos en el Night Market, que parece que ya no es lo que era y las falsificaciones han dejado paso a elefantitos de madera, pantalones de elefantes para gente con las piernas más cortas que las mías y camisetas mal impresas en colores que no me gustan. Bueno, hay quién sí encuentra paradas a su gusto...
Para cenar nos dedicamos de nuevo a las especialidades thailandesas y eso que aquí se puede encontrar comida china, india y hasta cocodrilo a la brasa...
O al revés, animales que te comen a tí (no me refiero a los lady boy, que los hay también) como estos pececillos que te despellejan y que Jan no comprende muy bien qué hacen.
Jan sigue haciendo amigos por donde va. Es espectacular las sonrisas, carantoñas, monerías y fotos robadas que despiertan los dos peques...
Mi retrato de hoy sigue siendo femenino, pero muuucho más joven de lo habitual.
Juan Carlos









Apa que no t'agrada fer de tiet, hehehehe.
ResponderEliminarLes fotos, com cada dia, molt bones, sobretot les dels nens.
El que estas gastant en tuc tics, t.ho estas estalviant en samarretes! Encara no ha caigut cap?
ResponderEliminarPaqui