sábado, 20 de julio de 2019

18 Sukhothai - Chiang Mai

Si hemos parado en Sukhothai (ciudad a la que cada día le cambio las "h" de sitio) es por algo.
Básicamente existe New Sukhothai y Old Sukhothai. Más básicamente aún, la New es la ciudad y la Old son las ruinas que están a 12 km.
Como no los vamos a hacer caminando, cogemos el autobús hasta allí, que no deja de ser un tuctuc digno de salir en Megaconstrucciones.
La conductora es muy amable y sonríe mucho para las fotos, pero insiste en que los niños pagan.


Llegados a Old Sukhothai, viendo que es enorme y que cae un sol que nos va a matar de deshidratación, pues tampoco lo vamos a hacer andando así que alquilamos un carricochenosécomollamarlo eléctrico con chófer-guía que nos lleva por todo el recinto.


El interior, con muy poca gente, es precioso. Lleno de Budas muy bien conservados (aunque la zona de ladrillos... no sé yo...) y muy bien arreglado. 


Este es nuestro chófer. No conoce el stress. 


Los Budas no se pueden tocar (ni para hacerte una foto agarrado a él, como nos recuerdan los lugareños). En una casa hace unos días ví un letrero que decía que no estaba bien usar la imagen de Buda para decorar ni para tatuarse. Y es que aunque Buda no sea un Dios al uso, como el de otras religiones, hay que tenerle un respeto y no banalizarlo.




Uno de los más bonitos es el Buda gigante, que curiosamente está fuera del complejo principal, y que está apretujado dentro de una casita para que no puedas hacerle fotos de cuerpo entero (no le veo otra explicación, la verdad). En algunos sitios (donde se llega sin subir al "altar") tiene trocitos de pan de oro que van poniéndole los que vienen aquí a rezar. Vamos, que lo están forrando "a lo Sagrada Família", por acción popular.


Marc y Jan soportan el calor y el cansancio como unos campeones. Es maravilloso verles aprender como es el mundo en el que vivimos mientras aprendemos tanto de ellos.


De vuelta al hotel ya nos espera la nueva furgoneta que nos llevará hasta Chiang Mai. Son 4:30h de viaje que hacemos de un tirón para poder descansar al llegar. Estos últimos días han sido de mucho traslado y ahora pararemos 6 días sin cerrar la maleta, por fin.
Después de un cambio de habitación por una plaga de mosquitos y un paseo por la maravillosa piscina (que tiene el agua helada, hay que joderse) salimos a cenar (y a por chuches al Seven Eleven, claro).

¿Os habéis preguntado como es una ferretería thailandesa?


Cenamos en un puesto callejero. La comida es regulera, el señor que lo lleva muy atento. Nos regala un cuenco de sopa que tiene un aspecto... en fin. En unos de los cuencos (¿como mierda es el prulal de bol? ¿Boles?) hay un hueso de pollo, mondo y lirondo, como de haberselo comido alguien...
¡Pero qué buena está! Después de someter a votación si era aceptable el riesgo de bebernos la sopa, la probamos y estaba riquísima. Tal vez le faltaban unos fideos...


Ahí van mis retratos de hoy, que me estoy dando cuenta que en su inmensa mayoría son de mujeres... ¿soy yo o es el país?





Juan Carlos

2 comentarios:

  1. L'os de pollastre a la sopa segur que era per donar-li gust, hehehehe

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  2. Super fotos de las ruinas. Es como si estuviera viendo a Tomb Raider, mi juego de ordenador favorito.
    Es un lugar precioso y espectacular.
    Disfrutar Juan Carlos y familia.

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