Antes de ir al Palacio Real, pasamos por el palacio de los guiris: 7 eleven.
En esta cadena de comidas (y cosas) de coveniencia compramos cosas para desayunar. Yo compro dos tipos de pastelitos... uno buenísimo de plátano y otro con un relleno bueno pero con el bizcocho de textura esponja (que no esponjosa).Nos acercamos a un pequeño muelle en el río y cogemos un barco dirección Palacio Real.
Hay una cosa que me alucina en los transportes públicos: el cobrador lleva una especie de estuche metálico tamaño barra de pan pequeña (o calabacín grande, mas bien) que al abrirlo tiene dentro las monedas para el cambio y los billetes enrollados para cortarlos y marcarlos con el propio estuche. Lo manejan de tal manera que yo creo que eran los dobles en las peleas de espadas-láser de Star Wars.
Cada rincón está trabajadísimo y lleno de dorados y espejos. Se me ocurre algún chiste sobre que otros locales son así, pero no sé si la Fiscalía lee el blog...
Una de las tradiciones es ir echando monedas para pedir cosas. Jan colabora activamente de la tradición y se asoma a mirar si los deseos se están cumpliendo o no.
Vemos el Buda Esmeralda... Es un poco como la Moreneta, pero en verde. O sea, te lo esperas más grande.
Aunque para grande el Buda Reclinado. Y la cola para hacerse un selfie, eso también es grande.
Y el calor. Eso es lo más grande. Qué manera de deshidratarse, por favor.
Momentos que valen la pena, más allá de los monumentos.
Después de devolver a toda prisa la audioguía (que en este caso no vale los 200 bahts que cuesta) nos metemos en el bar que hay justo al lado, en busca de líquidos fríos y sólidos apetitosos que nos devuelvan al mundo de los vivos.
Conseguimos una mesa pequeña y varias sillas y allí nos atrincheramos a pasar un buen rato.
Los conductores de tuctuc y todo aquel quiere venderte cosas (básicamente cualquiera en Bangkok) son insistentes pero no pesados. La idiosincrasia thailandesa es especial... primero intentan colártela y si no lo consiguen, entonces te ayudan. El regateo elevado al máximo extremo.
Fotográficamente hablando, Thailandia (bueno, Bangkok de momento) es una pasada.
Aunque aún no sé si el que me lo ha hecho estaba enfadado conmigo o algo. No lo parecía porque sonreía mucho, pero como apretaba el tío.
Aquí, el final feliz es terminar...
Juan Carlos











La veritat és que la fotos són molt culés.... Segur que ens posaràs moltes de molt maques... Diuen que Thailandia és molt especial.
ResponderEliminarEncara que jo em quedo amb les fotos tendres com les dels nens amb el seu pare :))
Ayyy els massatgets que l’estan Agafant gustirrinin... (m’ha encantar lo del final feliz :)))
Carol
Buenisimas fotos. Disfrutar a tope del lugar, gastronomia, cultura, ...
ResponderEliminarEm sembla que alguns dels comentaris els fas en to irònic, que t'ho estàs passant de conya vaja, hihihihi
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